Una jornada a los mandos del Fokker 100
Hay días de vuelo que uno recuerda perfectamente por algún motivo especial: una aproximación complicada, una meteorología poco habitual, un aeropuerto difícil o simplemente una tripulación con la que disfrutó especialmente trabajando. Y luego están los otros. Los días normales. Esos en los que todo sale como estaba previsto y que, precisamente por eso, probablemente representen mejor que ningún otro lo que significa trabajar como piloto…






